‘ALMORZARET VALENCIÀ’, L’ALMORZAR MÉS ABUNDÓS D’ESPANYA

És un ritual tan sagrat que molts ho consideren més important que la paella. Qui ve a Valéncia a provar «l’almorzaret» es vol quedar a viure ací.

ALMORZARET VALENCIÀ. Enric Ricart

CASTELLANO

El sol de julio se desploma sobre nuestros flequillos como si un titán estuviera eructando rayos gamma después de una noche de tequilas y enchiladas. En Quartell, Valencia. Pueblo de 1.500 habitantes.

Igual que al diablo, se le conoce por muchos nombres: asmorzar, armorzar, asmorzaret, armorsaret, almorzar, almorzaret… Da igual cómo lo llames, en cuanto descubras el almuerzo valenciano te enfrentarás a una revelación que te puede sumir en el delirio, pues esto es un desayuno de verdad y no las menudencias que has comido hasta ahora. Después del ‘asmorzar’, llorarás lágrimas negras frente a lo que solía ser tu amado combo de café + croissant. ¿El brunch molón de los domingos? Te parecerá un picnic para finolis. Por muy lejos que estés de Valencia, seguirás atrapado en la espiral del asmorzar y no podrás zafarte de su calórico recuerdo.

La comida más importante del día

El almuerzo es una ceremonia sacra en territorio valenciano, y pobre del que la cuestione. Ubicada en una franja horaria que podríamos delimitar entre las 9 y 12 de la mañana, esta comida matutina no es una simple tradición, es algo muchos más profundo para los valencianos, una pulsión adherida a los mismísimos cimientos de su ADN. Cuando toca almuerzo, ya puede haber aterrizado una flota alienígena en Mestalla, que el valenciano hará un paréntesis en sus obligaciones e irá a su bar favorito a llenar el tanque de combustible.

El periodista de Valéncia Jesús Terrés, un estudioso de la cultura del asmorzar. “Siendo académicos, el origen tiene un matiz labriego: campesinos de la terreta, necesitados de calorías y descanso bajo un olivo para soportar la dura jornada partiéndose la espalda entre los arrozales -y de paso calzarse un par de tintorros-, pero si me preguntas, tiene mucho más que ver con la filosofía del valenciano: el ‘meninfotisme’ o esa cualidad tan nuestra de tocarnos los cojones a dos manos aunque se esté cayendo el mundo a pedazos”, comenta Terrés.

Oreja o barbarie. ALMORZAR POPULAR VALENCIÀ

El asmorzar tiene como eje de rotación un bocadillo –bocata, cantell, entrepà o una rua en Castellón- del tamaño de un brazo de pelotari. En su interior, las leyes de la física porcina se colapsan y se producen combinaciones imposibles. Imperan los embutidos de máxima calidad, introducidos en el cantell a paladas, y las tortillas de cualquier ingrediente que uno pueda imaginar. Puedes cebar el mamotreto con otros elementos inestables: mollejas, hígado, carne de caballo, figatell, ternera, pimientos, mayonesa, atún, queso, all i oli… Cuánto más rebosante esté la panza del bocata y más te acerque al cardiólogo, mejor.

 ALMORZAR POPULAR VALENCIÀ

El megabocadillo siempre debe ir acompañado de la picaeta: cacahuetes –cacaus del Collaret o del Terreno-, aceitunas, encurtidos (pimentó en salmorra, los más pros) y si hay suerte hasta altramuces (tramussos). No puede faltar la caña larga de cerveza o el vi en llimoná, un glorioso vino con gaseosa, para remojar el gaznate y empujar el bolo alimenticio. Para ir bien por la vida, uno debería coronar el asmorzar con el cremaet, un artefacto en tres texturas que deja en paños menores al carajillo y se hace con montañas de azúcar, licor flambeado (generalmente ron), café corto, canela, corteza de limón y granos de café. Castellón es la cuna de esta pócima, un regalo de los dioses que muchas veces, aunque cueste creerlo, no es la última parada del almuerzo: si es fin de semana y no hay que volver al tajo, diantre, los chupitos de mistela o cazalla siempre son bienvenidos como mascletá final.

La ‘picaeta’

Desayuno con diamantes

En Quartell, Vicent Gaspar, un boina verde del asmorzar y su cuadrilla y una de estas ceremonias tal y como se viven en un pueblo. Sin adulterar. Ir a La Pepi, famosa en Quartell por sus almuerzos mastodónticos. O el Bar Levante, un santuario.

Son las 10 de la mañana. Entre una neblina vaporosa de café, fritura y licor. El aroma y el bullicio me activan. Gaspar rodeado de cacaos, aceitunas, pepinillos, cervezas, ensaladas de tomate con cebolla y Dios sabe qué más. En la misma cocina del Levante, seleccionar el relleno de mi cantell. La cocinera rodeada de todo tipo de carnes y viandas. La elección, un Tetris de embutidos que mataría a Gerard Depardieu. Sale también un bocadillo de tortilla con ajillos que parece el pescuezo de Fernando Alonso.

Más encurtidos. ALMORZAR POPULAR VALENCIÀ

Asmorzar Tour: última parada

La rusticidad del asmorzaret es un valor a prueba de modas. Si dispones de materia prima de calidad en la cocina, no necesitarás nada más: tan solo barras de pan y los complementos necesarios. Es una tradición que no se lleva bien con los interiorismos escandinavos; sus templos son bares de clase trabajadora, lugares curtidos y ruidosos. El blindaje popular de esta comida y su vértigo calórico no están hechos para agradar a modernos. “El Toni 2, el Dry Martini del Boadas, los chicharrones de Casa Manteca y nuestro asmorzaret; reservas naturales mucho más allá de las fauces flácidas del moderno de turno. El hipster elegirá de largo una tostada de aguacate en Federal Café antes que el bocata de dos palmos de carne de caballo en La Pascuala”, comenta Terrés.

Última parada. La Paquita, en Eslida, Castellón. Se dice que sus asmorzarets levantan cadáveres. Pero la Paquita se ha ido de vacaciones, bien merecidas, y sigo los consejos de Vicent Gaspar, “Cuando se habla de almuerzo valenciano en los pueblos, hay que seguir a los ciclistas. Si hay ciclistas comiendo es que el asmorzar es bueno”, la proyección mental de Gaspar.

Carajillo. ALMORZAR POPULAR VALENCIÀ

Un bar en Castellón donde se arremolinan hombres en maillot y se acumulan las bicis. No cabe un alma. Es domingo, son las 11 de la mañana, y se vive un jolgorio inusual entre montañas de cáscaras de cacaos y cantells. En el piso superior, alguien toca la trompeta y un grupo de gente canta, se desgañita. Si no fuera una jornada dominical, con sus buenos 30 grados de temperatura y un sol de justicia, diría que estamos en mitad de una boda. Llegan los bocadillos, uno inflado con bacon y queso, con una buena jarra de cerveza, la inevitable picaeta y seguramente el mejor cremaet que he probado en mi miserable vida. Es la última parada del Asmorzar Tour y sé perfectamente que echaré de menos esta tierra y sus costumbres, si algún dia marcho.

Cuesta quitarse de la cabeza el almuerzo valenciano llegada su hora. Si tuviéramos nuestro asmorzar, nuestra burbuja de felicidad a media mañana siempre… cuentas de Instagram y Facebook como @almorzarpopularvalencia y en Twitter como @AlmorzarVlc nos lo acercan a diario. Qué suerte tenemos los valencianos.

VALENCIÀ

El sol de juliol es desploma sobre els nostres *flequillos com si un titán estiguera eructando rajos gamma despuix d’una nit de tequilas i enchilades. En Quartell, Valéncia. Poble d’1.500 habitants.Igual que al diable, se li coneix per molts noms: asmorzar, armorzar, asmorzaret, armorsaret, almorzar, almorzaret… Té igual cóm ho crides, en quant descobrixques l’almorzar valencià t’enfrontaràs a una revelació que et pot sumir en el deliri, puix açò és un desdejuni de veres i no les menudencies que has menjat fins ara. Despuix de el ‘asmorzar’, ploraràs llàgrimes negres front a lo que solia ser el teu amat combo de café + croissant. ¿El brunch molón dels dumenges? Et semblarà un pícnic per a finolis. Per molt llunt que estigues de Valéncia, seguiràs atrapat en l’espiral del asmorzar i no podràs safar-te del seu calòric recort.El menjar més important del dia

L’almorzar és una cerimònia sacra en territori valencià, i pobre del que la qüestione. Ubicada en una franja horària que podríem delimitar entre les 9 i 12 del matí, este menjar *matutina no és una simple tradició, és alguna cosa molts més profunt per als valencians, una polçó adherida als mateixos fonaments del seu ADN. Quan toca almorzar, ya pot haver aterrisat una flota alienígena en Mestalla, que el valencià farà un paréntesis en les seues obligacions i anirà al seu bar favorit a omplir el tanc de combustible.

El periodiste de Valéncia Jesús Terrés, un estudiós de la cultura del asmorzar. “Sent acadèmics, l’orige té un matís parrac: llauradors de la terreta, necessitats de calories i descans baix una olivera per a soportar la dura jornada partint-se l’esquena entre els arrossars -i de pas calçar-se un parell de *tintorros-, pero si em preguntes, té molt més que vore en la filosofia del valencià: el ‘meninfotisme’ o eixa qualitat tan nostra de tocar-nos els collons a dos mans encara que s’estiga caent el món a péntols”, comenta Terrés

Orella o barbarie. ALMORZAR POPULAR VALENCIÀ

El asmorzar té com a eix de rotació un entrepà -bocata, cantell, entrepà o una rua en Castelló- del tamany d’un braç de pelotari. En el seu interior, les lleis de la física porcina es colapsen i es produïxen combinacions impossibles. Imperen els embotits de màxima calitat, introduïts en el cantell a paladas, i les tortilles de qualsevol ingredient que un puga imaginar. Pots acebar el mamotreto en atres elements inestables: mollejas, fege, carn de cavall, figatell, vedella, pimentons, mahonesa, tonyina, formage, all i oli… Quant més sobreixent estiga la pancha del bocata i més t’acoste al cardiòlec, millor.

 ALMORZAR POPULAR VALENCIÀ

El megabocata sempre deu anar acompanyat de la picaeta: cacaus -cacaus del Collaret o del Terreny-, olives, encurtidos (pimentó en salmorra, els més pros) i si hi ha sòrt fins a tramussos (altramuces). No pot faltar la canya llarga de cervesa o el vaig vore en llimoná, un gloriós vi en gaseosa, per a amerar el garganchó i espentar la birla alimentícia. Per a anar be per la vida, un deuria coronar el asmorzar en el cremaet, un artefacte en tres textures que deixa en panys menors al rebentat i es fa en montanyes de sucre, licor flamejat (generalment rom), café curt, canella, corfa de llima i grans de café. Castelló és el breçol d’esta pròxima, un regal dels deus que moltes voltes, encara que coste creure-ho, no és l’última parada de l’almorzar: si és fi de semana i no cal tornar al tall, diantre, els chupitos de mistela o cassalla sempre són benvinguts com mascletà final.

La ‘picaeta’

Desdejuni en diamants

En Quartell, Vicent Gaspar, un boina verda del asmorzar i la seua colla i una d’estes cerimònies tal i com es viuen en un poble. Sense adulterar. Anar a la Pepi, famosa en Quartell pels seus almorzars mastodóntics. O el Bar Llevant, un santuari.

Són les 10 del matí. Entre una boira terrera vaporosa de café, fregidura i licor. L’aroma i el renou m’activen. Gaspar rodejat de cacaus, olives, pepineills, cerveses, ensalades de tomata en ceba i Deu sap qué més. En la mateixa cuina del Llevant, seleccionar la farcidura del meu cantell. La cuinera rodejada de tot tipo de carns i viandes. L’elecció, un Tetris d’embotits que mataria a Gerard Depardieu. Ix tamé un entrepà de tortilla en allets que sembla el bascoll de Fernando Alonso.

Més picaeta. ALMORZAR POPULAR VALENCIÀ

Asmorzar Tour: última parada

La rusticitat de l’asmorzaret és un valor a prova de modes. Si dispons de matèria primera de calitat en la cuina, no necessitaràs res més: tan sol barres de pa i els complements necessaris. És una tradició que no es porta be en els interiorismes escandinaus; els seus temples són bars de classe treballadora, llocs curtits i sorollosos. El blindage popular d’este menjar i el seu vèrtic calòric no estan fets per a agradar a moderns. “El Toni 2, el Dry Martini de el Boadas, els chicharrones de Casa Sagí i el nostre asmorzaret; reserves naturals molt més allà de les boques flàccides del modern de tanda. El hipster elegirà de llarc una torrada d’albocat en Federal Café abans que el bocata de dos pams de carn de cavall en La Pascuala”, comenta Terrés.

Última parada. La Paquita, en Eslida, Castelló. Es diu que els seus asmorzarets alcen cadàvers. Pero la Paquita s’ha anat de vacacions, ben mereixcudes, i seguixc els consells de Vicent Gaspar, “Quan es parla d’almorzar valencià en els pobles, cal seguir als ciclistes. Si hi ha ciclistes menjant és que el asmorzar és bo”, la proyecció mental de Gaspar.

Rebentat. ALMORZAR POPULAR VALENCIÀ

Un bar en Castelló on s’arremolinen hòmens en mallot i s’acumulen les bicis. No cap un ànima. És dumenge, són les 11 del matí, i es viu una chala inusual entre montanyes de clafolls de cacaus i cantells. En el pis superior, algú toca la trompeta i un grup de gent canta, crida. Si no fora una jornada dominical, en els seus bons 30 graus de temperatura i un sol de justícia, diria que estem en mitat d’una boda. Apleguen els entrepans, un unflat en bacon i formage, en una bona gerra de cervesa, l’inevitable *picaeta i segurament el millor cremaet que he provat en la meua miserable vida. És l’última parada del Asmorzar Tour i sé perfectament que trobaré a faltar esta terra i les seues costums, si algun dia marche.

Costa llevar-se del cap l’almorzar valencià aplegada la seua hora. Si tinguérem el nostre asmorzar, la nostra bombeta de felicitat a mija demà sempre… contes de Instagram i Facebook com @almorzarpopularvalencia i en Twitter com @AlmorzarVlc nos ho acosten diàriament. Quina sòrt tenim els valencians.

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